Mis letras
viernes, 12 de noviembre de 2021
El comienzo de mi viaje
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Mi bucle de cotidianidad
miércoles, 3 de noviembre de 2021
Mi plantita
Hace un tiempo fui a una floristería de aquella calle llena de puestecillos de colores y con aromas que me teletransportaban a cualquier lugar donde me tumbaría a mirar el cielo de noche. No iba con ninguna idea en la cabeza de lo que me iba a llevar, pero yo ya me estaba imaginando danzando entre mis flores favoritas en aquel saloncillo donde el color de los últimos rayos de sol de la tarde se mezclaría con sus tonos amarillos.
Cuando volví a casa no me pude esperar a plantar mi semillita, aquella que sería el origen de algo precioso, de aquel girasol que me quedaría contemplando mientras escuchaba la canción de Rozalén y agradecía a la vida por regalarme ese momento de paz. La plantita tardó más de lo que yo pensaba en crecer. Me gustaba mirarla cada día y ver cómo se tomaba su tiempo para terminar de florecer. No le hacía falta estar en flor para ser bella en sí misma. Era bella en todos sus procesos. Era girasol ya desde que era semilla.
El día que floreció lloré, era muy pequeñita, con unos tonos amarillos mezclados con un poco de naranja. Ese día el sol estaba más cálido que nunca. La luz entraba sin problema por la ventana de mi habitación, parecía que mi girasol la atraía y que el universo sabía que había florecido. Así que me tumbé un segundo en la cama y disfruté de aquel espectáculo de luces hasta que me quedé dormida, sabiendo que cuando me volviese a despertar mi plantita seguiría ahí, acompañándome.
domingo, 31 de octubre de 2021
Cuando bajas
sábado, 30 de octubre de 2021
Dancing queen
Retorno
Miraba el espejo a la par que subía mis pies al sofá intentando engañar a la mente con el descanso del cuerpo. Estaba yo ahí, era mi ente corpóreo.
Me miraba las manos y seguidamente cerraba los puños intentando agarrar el aire que me hacía respirar en calma. Volvía a acomodarme esperando no salir rodando y así poder quedarme mirando el techo un rato. Sin darme cuenta ya estaba divagando, prácticamente con la mente en las nubes y sin querer bajar, yendo más allá de lo que en ese momento me debía permitir a mí misma, interrumpiendo mi descanso a base de pensamientos.
Me levanté del sofá y fui al baño. Cuando me terminé de duchar, con la piel mojada, me coloqué el albornoz. Me quedé un rato mirándome en el espejo desde el taburete.
'Cuánta ojera', me dije a mí misma mientras estrujaba mi cara con las manos.
'Necesito moverme, voy a poner un poco de música'.
Así que, descalza y con el albornoz puesto, me puse a bailar, dándome cuenta en ese mismo instante que me sentía más viva que nunca.