viernes, 12 de noviembre de 2021

El comienzo de mi viaje

Ese día era el comienzo de mi viaje. Era un viaje largo y del que sabía que acabaría agotada, pero que me apetecía mucho. Llevaba muchos años queriendo hacerlo, era el destino de mi vida, lo sabía, lo llevaba dentro. A todo el mundo le hablaba de lo que deseaba llegar hasta el final, de cómo estaba dispuesta, sin duda, a hacer todas las escalas de avión que fuesen necesarias, que mi pasaporte estaba listo y yo me iba con él.

Llegué a mis lugares soñados. Algunas veces, me gustaba moverme de una ciudad a otra en tren, decidida y con ganas. Otras, lo que me llenaba era pasear por algún pueblo pequeño en mitad de cualquier parte y cerrar los ojos mientras me imaginaba el camino que ya había recorrido y lo que aún me quedaba. Me sentía en paz en medio de la tormenta. Aunque a menudo me frustraba o me sentía perdida aun teniendo el mapa en mano, yo era feliz en mi recorrido.

Y, en este preciso instante, aquí sigo, en mi viaje, sentada en casa delante de un escritorio y tratando de imaginarme cómo me sentiré cuando todo esto termine y pueda celebrarlo contigo yéndome de viaje, pero esta vez sin metáfora. 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Mi bucle de cotidianidad

Estaba sentada en un banco junto a la frutería, disfrutando de los rayitos de sol de mediodía y perdiéndome en la gama de colores de los diferentes tipos de manzanas. La calle estaba muy concurrida. Me sentía tan cerca de la cotidianidad que no quería parpadear para no perderme ese momento. Por fin tenía los pies en el suelo y era plenamente consciente de que mi mente y mi cuerpo se encontraban en ese preciso instante de la vida, ni antes ni después. 

Terminé de hacer mis recados y volví a casa por el camino más largo. Tenía muchas ganas de cantar, un clásico en mí. Por un instante, me alejé tanto de la literalidad que llegué a pensar que me encontraba en mi propio musical y yo, por supuesto, era la protagonista. 

Cuando entré por la puerta de mi casa, entré en un mundo paralelo, donde la cotidianidad se convertía en otra cosa. Me hice la comida, aunque no tenía mucha hambre, y me la comí de pie. Cuando iba a tomarme mi postre de siempre, me di cuenta que no había. Así que me vestí y fui a la frutería a por manzanas, repitiendo todo el proceso de nuevo y haciendo de la cotidianidad un bucle lleno de despistes y mala organización. 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Mi plantita

Hace un tiempo fui a una floristería de aquella calle llena de puestecillos de colores y con aromas que me teletransportaban a cualquier lugar donde me tumbaría a mirar el cielo de noche. No iba con ninguna idea en la cabeza de lo que me iba a llevar, pero yo ya me estaba imaginando danzando entre mis flores favoritas en aquel saloncillo donde el color de los últimos rayos de sol de la tarde se mezclaría con sus tonos amarillos.

Cuando volví a casa no me pude esperar a plantar mi semillita, aquella que sería el origen de algo precioso, de aquel girasol que me quedaría contemplando mientras escuchaba la canción de Rozalén y agradecía a la vida por regalarme ese momento de paz. La plantita tardó más de lo que yo pensaba en crecer. Me gustaba mirarla cada día y ver cómo se tomaba su tiempo para terminar de florecer. No le hacía falta estar en flor para ser bella en sí misma. Era bella en todos sus procesos. Era girasol ya desde que era semilla. 

El día que floreció lloré, era muy pequeñita, con unos tonos amarillos mezclados con un poco de naranja. Ese día el sol estaba más cálido que nunca. La luz entraba sin problema por la ventana de mi habitación, parecía que mi girasol la atraía y que el universo sabía que había florecido. Así que me tumbé un segundo en la cama y disfruté de aquel espectáculo de luces hasta que me quedé dormida, sabiendo que cuando me volviese a despertar mi plantita seguiría ahí, acompañándome.

domingo, 31 de octubre de 2021

Cuando bajas

Hacía mucho que no la veía. Estaba nerviosa incluso, porque llevaba mucho tiempo esperando ese día y, por fin, había llegado. Miraba el calendario, que no paraba de tambalearse, no sé si por el viento o porque la que se estaba moviendo era yo. Su vuelo llegaba a las 00.00, así que el día iba a empezar con buen pie. Estaba lista, no perdí de vista ningún detalle. Incluso escribí una nota y la pegué en la nevera para que la viera cuando viniese a casa a comer al día siguiente, mientras cocinábamos juntas su plato favorito. 

Fui a recogerla al aeropuerto y nos abrazamos mucho rato. Queríamos guardar para nosotras ese instante y acordarnos de él cuando nos echemos de menos. En el coche, no podíamos parar de hablar, yo no la miraba mucho porque estaba conduciendo pero ganas no me faltaban. En el fondo, no me apetecía hablar, solo escuchar su voz con la música de fondo. 

Durante los días que estuvo nos dio tiempo de cocinar, ir de ruta y tomar helado. Nos dio tiempo de ponernos al día, de perdernos en conversaciones, de decirnos que nos queremos, de hacer tonterías y de acompañarnos mutuamente. Quería disfrutar cada momento sin pensar que en unos días se iba de nuevo, sin empezar a echarla de menos antes de que se fuera.

Pero al final el momento llegó y otra vez me tocaba despedirla hasta la próxima vez. Pero no pasa nada, porque aunque no estemos juntas, ella está conmigo en mi día a día, acompañándome desde la distancia. 




sábado, 30 de octubre de 2021

Dancing queen

Me levanté súper temprano ese día y lo único que me apetecía era sentarme y desayunar un colacao en silencio. 

'Vamos a calentar esto un poco'.

Con la cara medio dormida todavía, abrí la ventana para que me diese un poco el aire. No tenía ganas ni siquiera de revisar el móvil, solo quería paz, ningún estímulo. Era tan temprano que hasta me dio tiempo de ver el amanecer. Me quedé mirando fijamente hacia el horizonte y, sin darme cuenta, empecé a tararear. Poco a poco, se me fue quitando el cansancio y el peso de los párpados, así que pasé de tararear a cantar directamente. 

'You can dance
You can jive
Having the time of your life
Oh, see that girl
Watch that scene
Digging the dancing queen'.

Quizás hasta le funcioné de despertador a la vecina del segundo. 

'Aquí estamos, otro día más viviendo en mi mundo', dije mientras seguía bailando por toda la casa.

Y así seguí bastante rato, volando el tiempo a mi vera y en la misma dirección. Y es que soy así, me gusta vivir en paralelo, en mis bailes y en mis pensamientos, lejos de tanta literalidad. 

Retorno

Miraba el espejo a la par que subía mis pies al sofá intentando engañar a la mente con el descanso del cuerpo. Estaba yo ahí, era mi ente corpóreo. 

Me miraba las manos y seguidamente cerraba los puños intentando agarrar el aire que me hacía respirar en calma. Volvía a acomodarme esperando no salir rodando y así poder quedarme mirando el techo un rato. Sin darme cuenta ya estaba divagando, prácticamente con la mente en las nubes y sin querer bajar, yendo más allá de lo que en ese momento me debía permitir a mí misma, interrumpiendo mi descanso a base de pensamientos.

Me levanté del sofá y fui al baño. Cuando me terminé de duchar, con la piel mojada, me coloqué el albornoz. Me quedé un rato mirándome en el espejo desde el taburete.

'Cuánta ojera', me dije a mí misma mientras estrujaba mi cara con las manos.

 'Necesito moverme, voy a poner un poco de música'. 

Así que, descalza y con el albornoz puesto, me puse a bailar, dándome cuenta en ese mismo instante que me sentía más viva que nunca.

martes, 23 de junio de 2020

Paso a paso

Me encontré conmigo misma paseando por una senda de colores en la que las emociones me abrazaban por la espalda mientras yo les echaba una mirada cómplice. En ella, aún con mis pisadas marcadas, me encuentro danzando en sentido contrario e intentando hacer malabares con las baldosas. A veces caminaré a la pata coja, a veces pegando saltos y a veces aprovecharé para tumbarme y descansar, pero siempre intentando disfrutar del paisaje.