miércoles, 10 de noviembre de 2021

Mi bucle de cotidianidad

Estaba sentada en un banco junto a la frutería, disfrutando de los rayitos de sol de mediodía y perdiéndome en la gama de colores de los diferentes tipos de manzanas. La calle estaba muy concurrida. Me sentía tan cerca de la cotidianidad que no quería parpadear para no perderme ese momento. Por fin tenía los pies en el suelo y era plenamente consciente de que mi mente y mi cuerpo se encontraban en ese preciso instante de la vida, ni antes ni después. 

Terminé de hacer mis recados y volví a casa por el camino más largo. Tenía muchas ganas de cantar, un clásico en mí. Por un instante, me alejé tanto de la literalidad que llegué a pensar que me encontraba en mi propio musical y yo, por supuesto, era la protagonista. 

Cuando entré por la puerta de mi casa, entré en un mundo paralelo, donde la cotidianidad se convertía en otra cosa. Me hice la comida, aunque no tenía mucha hambre, y me la comí de pie. Cuando iba a tomarme mi postre de siempre, me di cuenta que no había. Así que me vestí y fui a la frutería a por manzanas, repitiendo todo el proceso de nuevo y haciendo de la cotidianidad un bucle lleno de despistes y mala organización. 

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