Cuando no me veas la boca, ni nos podamos tocar, nuestros corazones latirán muy fuerte, creando un vínculo a distancia pero intenso.
Estoy triste. Nos quedamos sin algo que nos hace más humanas, pero intento compensarlo con el orgullo que siento de que nos cuidemos las unas a las otras.
Esos abrazos interminables a deshoras, nuestras conexiones hechas acciones,
el sentir el tacto de nuestra piel,
nuestras energías intercambiadas.
El lanzarse a ese lugar seguro,
rellenando vacíos y apaciguando tempestades.
El querer quedarse a vivir en un momento,
en una sonrisa, en un roce o en un abrazo.
No sabemos cuándo, pero cuando nos podamos abrazar de nuevo sonará una música maravillosa de nuestra alma, lloraremos y un segundo dará paso a la eternidad.