Llegué a mis lugares soñados. Algunas veces, me gustaba moverme de una ciudad a otra en tren, decidida y con ganas. Otras, lo que me llenaba era pasear por algún pueblo pequeño en mitad de cualquier parte y cerrar los ojos mientras me imaginaba el camino que ya había recorrido y lo que aún me quedaba. Me sentía en paz en medio de la tormenta. Aunque a menudo me frustraba o me sentía perdida aun teniendo el mapa en mano, yo era feliz en mi recorrido.
Y, en este preciso instante, aquí sigo, en mi viaje, sentada en casa delante de un escritorio y tratando de imaginarme cómo me sentiré cuando todo esto termine y pueda celebrarlo contigo yéndome de viaje, pero esta vez sin metáfora.
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